recuerdo, archivo, subjetividad

Fotos de Maria Luisa Herrera Rapela y Daniela Carvajal

Fotos de Maria Luisa Herrera Rapela y Daniela Carvajal

Conversación de Esmeralda Gómez Galera con Thais Vera Utrilla y Karina Villavicencio en el contexto del taller Laboratorio interdisciplinar mujeres y arte/ Memoria, subjetividad y archivo que tuvo lugar el 6 de octubre de 2017 CitizenKcenter como parte de la programación del Fieber Festival, 4º festival independiente de artistas iberoamericanas en Berlín y en colaboración en esa asociación.

Esmeralda Gómez Galera: Después de la experiencia tan intensa del taller de hoy, lo primero que os quería preguntar es, ¿cuál es el principio de este proyecto?

Karina Villavicencio: Como decíamos en la presentación del taller, todo comenzó en el Fieber Festival del 2015. Quisimos organizar una mesa redonda, éramos un grupo de chicas y, finalmente, la que quedó al frente de aquello fui yo. El Fieber Festival convoca a muchísimas artistas y fue todo un éxito: una motivación muy grande, muchos relatos y una muy buena energía.

Thais Vera Utrilla: Ahí quedaron muchas cuestiones abiertas y percibimos que había un interés de continuar ese trabajo. No necesariamente con las mismas artistas, sino en ese escenario de mujeres artistas y migrantes. Ciertas cuestiones como la desigualdad, ¿dónde se trabajan? Una cosa es que se comenten en espacios privados, que seguramente ocurre, y otra cosa es que se tematice dentro de un programa sociocultural que sea más visible y también más público.

E: Esta es la cuarta vez que hacéis este tipo de encuentro, ¿todos han seguido las mismas dinámicas o habéis notado una evolución y un cambio en los procesos que seguís?

K: Las dinámicas no eran exactamente las mismas, más bien al contrario. Pero cada dinámica nos ha enriquecido para llegar a la de hoy, con la que creo que estamos bastante conformes. En principio, vamos a seguir con esa dinámica de participación que se basa en dar la palabra. Nos hemos dado mucha libertad para experimentar y para comprobar qué mecanismos funcionan y cuáles no.

T: Al principio se parecía más a una charla discusión en la que nosotras poníamos las cuestiones sobre la mesa y, a partir de ahí, se generaba un debate. El último encuentro, que para nosotras fue muy importante con la invitación de Verónica Troncoso, -tenía un formato más parecido a un seminario- ya que se le dio la oportunidad de hablar sobre su obra. Esta vez ha sido más participativo y experimental, trabajando desde historias íntimas. Cuando hablas de un tema lejano a ti se convierte en un objeto y pasa mucho por el intelecto, por una forma muy colonial y académica de generar conocimiento. En cambio, al partir de la experiencia propia y darle importancia a las historias autobiográficas, las protagonistas son, inevitablemente, las participantes. En cuanto a las dinámicas, llamamos laboratorio a esta experiencia y va cambiando. Es decir, que hoy hayan funcionado estas dinámicas no nos ata a las mismas.

K: Claro, nosotras no venimos con soluciones ni con ideas cerradas, vamos descubriendo. Por eso se convierte en un momento de mucha adrenalina en el que vamos ajustando los mecanismos y nos planteamos cuestiones como, por ejemplo: de qué modo escapar de la verticalidad y de las dinámicas jerárquicas. Siempre estamos muy atentas y este proceso de aprendizaje y reflexión nos motiva.

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E: El enfoque práctico ha estado muy presente hoy en el taller. Por eso querría preguntaros, ¿cuáles creéis que son las potencialidades de la práctica artística a la hora de generar espacios de enunciación y auto-enunciación?

K: Verdaderamente, nos parece uno de los espacios más eficaces. Cuando uno habla sobre arte hay muchos prejuicios y muchas ideas previas, de modo que las participantes no se esperan trabajar con contenidos sensibles tan personales. Tratamos de mezclar esas cosas y trabajar en la frontera entre reflexión, creación, producción de conocimiento y empoderamiento. Es un gran desafío. Por ejemplo, cuando hoy estábamos todas en el suelo, se trataba de una performance. Después evolucionó y vino de nuevo el momento de reflexión crítica, pero al principio había una comunidad, estábamos comiendo… era una situación que estábamos creando para lograr un estado de encuentro y eso lo hace el arte. Es desde ahí que intentamos trabajar y buscamos estar más fortalecidas para luego enfrentarnos a los prejuicios.

T: Yo creo que el formato artístico nos da libertad. Por ejemplo, en principio esa dinámica de la que habla Karina estaba pensada en forma de papeles y formularios. Pero hubo un acto performativo, las mujeres comenzaron a contar y nosotras no guiamos el encuentro hacia una dinámica concreta. Eso es lo que para mí permite el arte: la libertad. Yo vengo de la sociología y de las ciencias políticas, de modo que empiezo mi mirada artística en este contexto y me doy cuenta de que desde el arte se pueden contar cosas que desde la academia no se están contando o ciertos intereses que se están quedando en una teoría y en la necesidad de argumentarla. Pero aquí no hace falta porque te estoy contando mi historia y le estoy dando credibilidad por el hecho de ser mi historia. En este contexto es posible, por eso tiene un grado de empoderamiento per se.

E: A ese respecto, creo que el “Arte” con mayúsculas del que estamos hablando es el que se crea y se gesta dentro de las academias. Quizá para designar este tipo de experiencias sería más pertinente hablar de prácticas artísticas, igual que es pertinente, entiendo, hablar de mujeres, en su pluralidad, y no tanto una idea de Mujer. En este contexto vemos muy bien cómo todas venimos de distintas trayectorias y puntos geográficos a converger aquí a través de la práctica.

T: Incluso puede ser más revolucionario. ¿Por qué el “Arte” en mayúsculas tiene que estar necesariamente en un museo y no aquí? ¿Por qué llamar a esto prácticas artísticas? ¿No pasaría como el arte mayor y el arte menor? ¿Por qué no darle a esto un calificativo de Arte y de Archivo?

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Las capas de la alcachofa

Las capas de la alcachofa

E: Entiendo. Cuando hablo de “Arte” no me refiero a arte mayor por oposición a un arte menor, sino al concepto Arte, a la construcción conceptual. Esa construcción puede llegar a ser muy limitante. Cuando pensamos en una idea de Arte o en una idea de Mujer parece que nos vamos a esas cuestiones metafísicas de las que hablábamos antes y que están muy alejadas de la experiencia cotidiana de todos los creadores y creadoras culturales y también de todas las mujeres que no se ven reflejadas en el concepto. Retomando la cuestión del archivo, que también está muy presente en vuestro proyecto, desde las prácticas artísticas conceptuales de los sesenta, el archivo se ha ido politizando y actualmente vivimos un momento de revaloración de las prácticas archivísticas dentro del mundo del arte, ¿cuál creéis que es la potencia política de estos archivos interculturales que estáis generando?

K: En primer lugar hay que poner sobre la mesa la cuestión de quién organiza esos archivos exactamente. El tema de los archivos, su posesión y presentación, está muy ligado al poder. Desde que los artistas empiezan a trabajar, a desarchivar o a releer todos esos archivos empezamos verdaderamente a hablar sobre quién decide qué foto va al lado de qué foto y qué discursos se cuentan. ¿Cómo se tiene acceso a esos espacios cerrados que, como el archivo, están generando discursos? Por otro lado, pienso que también se empezó a cruzar la práctica artística con el medio social en los años sesenta. Son dinámicas que han empezado a usarse también en otros espacios que no son exclusivos del arte. Hay muchas comunidades o grupos que no tienen acceso a esos espacios de poder de producción de archivos oficiales y están empezando producir sus propios archivos, que es parecido a lo que queríamos hacer hoy. Es decir, ¿quién habla de estas mujeres migrantes que llegan y tienen un marido alemán pero no hablan bien el idioma? ¿Quién habla de las artistas que sienten que, casualmente, su arte no pasa en ningún lado acá y que tendrían éxito sin problema en su país? ¿De qué estamos hablando acá? Todo esto tiene que ver con historias que existen, con un pasado y la capacidad de proyectarse hacia un futuro. Por eso lo que nos parece interesante es trabajar con el tema de la oralidad y todas esas enunciaciones van quedando en algún lado. El tema de la oralidad es muy importante. Cuando alguien saca una foto o hace un vídeo está tomando decisiones, pero la oralidad ocurre en vivo y las chicas dijeron lo que se fue provocando, no pudimos hacer un corte ahí.

E: Es más difícil de controlar.

T: Por eso la idea de un archivo viviente o vivido. Puede ser que se rescaten objetos de personas que ya no están y se puedan contar sus historias a través de las propias vivencias o de mi relación con esas personas. O bien objetos con los que me identifico y objetos de alguien que sigue vivo. En este punto volvemos a la idea de autobiografía y a la historia de estas mujeres migrantes. ¿Quién habla de ellas? Ellas mismas. Es importante que quede un registro para poder generar ese archivo o archivos, yo hablaría en plural, frente a ese otro archivo oficial que, en muchos casos, nos deja fuera.

E: Desde luego, frente al discurso hegemónico, cuando se trata del tema de la inmigración cada espacio de enunciación o, mejor aún, de auto-enunciación que se genera es también un espacio de empoderamiento. Muchas gracias a las dos por la experiencia de hoy. Ha sido muy enriquecedora.

T: Gracias a ti.

Entrevista: Esmeralda Gómez Galera. 

Fotografías: Daniela Carvajal y Maria Luisa Herrera Rapela.

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